martes, 23 de diciembre de 2014

El Destino No Existe; Si Quieres Lo Que Nunca Has Tenido, Haz Lo Que Nunca Hayas Hecho

El verdadero pecado original no fue probar del fruto prohibido, sino echarle la culpa a otro, algo que hacemos con bastante frecuencia. Tal es la obsesión de la humanidad por escurrir el bulto, que se inventó algo llamado “destino”: un chivo expiatorio al que poder responsabilizar de sus fracasos. Pero el destino no existe.

A las personas nos mueve el deseo; por eso resulta frustrante que se nos escapen nuestras ambiciones. Parece que el mundo entero nos golpea, que los hados conspiran y que acecha la mala suerte. Es entonces cuando aflora la clásica pregunta: “¿por qué a mí?”.

Como en Código Nuevo somos muy griegos, te responderemos con otra pregunta: ¿qué has hecho para conseguir lo que deseas?

Al ser humano se le da mejor buscar culpables que aceptar las causas. El culpable es el tan manido “destino”; las causas son nuestros propios actos. O, mejor dicho, nuestras omisiones.

“La suerte es de quien la busca”

Hermoso refrán, ¿verdad? Por muy fortuitas que puedan ser las circunstancias, lo que nos suceda o deje de suceder depende de lo que hagamos o dejemos de hacer. ¿Cómo encontrarás al amor de tu vida sin salir a conocer gente? ¿O cómo hallarás el trabajo de tus sueños sin echar currículums por doquier?

Una vez más, podemos aprender mucho de la filosofía oriental. ¿Conocéis el concepto de karma? La idea daría para un artículo en sí mismo pero, a grandes rasgos, implica que todo lo que hacemos en la vida tiene su repercusión en el futuro. Es una especie de ley de acción y reacción cósmica, que castiga las malas artes y recompensa las buenas acciones.

Esta doctrina ha influido notablemente en la religión y el pensamiento de India, China y Japón, y forma parte importante del carácter de sus habitantes. Estas personas creen en el destino pero no como una fuerza ajena y preconcebida, sino como el equilibrio que se alcanza con las propias acciones.

¿Cuál es la conclusión de todo esto? Pues que deberíamos quejarnos menos y actuar más. Es probable que tu vida te parezca sosa y aburrida, ¿pero no será porque tú mismo te comportas de un modo monótono? La respuesta a tu pregunta, a ese “¿por qué a mí?”, es muy sencilla: porque no has querido cambiar.

Si deseas cambiar tu suerte, sal a buscarla. Si deseas cambiar tu destino, enfréntate a él. Si deseas lo que nunca has tenido, haz lo que nunca hayas hecho.

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