domingo, 25 de enero de 2015

Errar Es Tan Humano Como Perdonar: Olvida El Pasado De Una Vez

En la lengua inglesa, las palabras “perdonar” y “olvidar” son prácticamente idénticas (forgive y forget), lo que tiene bastante sentido, ¿no os parece? Al perdonar, olvidamos la ofensa y, con ella, el dolor y la vergüenza. No se trata de barrer el pasado bajo la alfombra, sino de impedir que los recuerdos te encadenen.

Como escribió una vez Jorge Manrique, “cualquiera tiempo pasado fue mejor”. Los seres humanos tendemos a idealizar el pasado, como si se tratase de una época dorada de esplendor y gloria. Cuando la realidad del presente nos golpea o la incertidumbre del futuro nos atormenta, el pasado se convierte en nuestro refugio.

Por desgracia, el consuelo del pasado es solo una ilusión. Lo que ha sucedido no volverá a ocurrir; y lo que está roto, nunca volverá a ser igual, por más que intentemos repararlo. Algunos no lo aceptan nunca y se olvidan de vivir. Otros, por el contrario, deciden huir.

Hace poco, hablábamos de la influencia de Disney en la generación milenial. Soy admirador de Walt hasta la médula y, a propósito de este asunto, hay una escena del Rey León que, sencillamente, me impactó:

Como le enseña el bueno de Rafiki a Simba, el pasado no se puede cambiar, pero se debe aprender de él.

¿Conocéis aquello de que el ser humano tropieza dos veces con la misma piedra? Resulta curioso lo rápido que olvidamos los errores y la facilidad con la que recordamos el dolor. A esto último es a lo que nos referimos cuando hablamos de olvidar el pasado: a perdonarnos nuestros errores y seguir adelante.

Nunca recuperarás esa amistad perdida. O ese amor roto. La oportunidad que tenías de encontrar el trabajo de tus sueños se esfumó, igual que la ocasión de estudiar lo que de verdad te gustaba. Lo hecho, hecho está, pero habrá otras amistades. Encontrarás otro amor. Tendrás una nueva oportunidad y la ocasión perfecta saldrá a tu encuentro otra vez. El caso es que todo esto pasará desapercibido hasta que abandones el pasado, hasta que perdones las deudas y te olvides de tus fantasmas.

Solo entonces podrás dejar el pasado atrás. Los recuerdos siempre estarán ahí, buenos y malos; pero está bien que sea así porque somos nuestro pasado. Las cicatrices, los fracasos y las derrotas forman parte de nosotros: crecemos y aprendemos gracias a ellos.

Consejo milenial: piensa en el pasado como un maestro y no un escondite.

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