lunes, 12 de enero de 2015

Jeremy Brown: Lienzos De Carne, Sentimientos Acrílicos

Desnudos. Juntos. Herederos de las hojas de acanto, de Adán y Eva, del barro y de las estrellas. Destinados a encontrarnos en este diablo mundo, dibujando con nuestros actos, con nuestras palabras, con nuestros sueños, un destino que ya es en sí una obra de arte. ¡Y si es arte la existencia individual, qué no lo será la compartida! Cada bocana de aire es un golpe de brocha, cada beso un disparo de pintura y cada orgasmo la explosión de color que dio vida a la célula primigenia en una danza ancestral que juega a situarse entre el sexo y el amor.

¿Su nombre? El tuyo, el de tu pareja, el de cualquiera. ¿La idea? De Jeremy Brown, fotógrafo y artista obsesionado con captar ese instante en el que el mundo se para por completo. Desde su página web abre las puertas a un nuevo negocio que propone afrontar el arte desde un punto de vista diferente: el de que seas tú quien lo lleve a cabo. Porque ese arte, ese que sabe a sudor y a perfume, no se admira, se hace; no se compra, se crea; y no se planea, se improvisa.

El sexo sobre lienzo ya tiene mercado propio en Estados Unidos, Gran Bretaña, Australia y Holanda. Con un kit que incluye desde pintura hasta el plástico que protege el parqué de tu pasión, el Merchandising está más que garantizado. Barato no es, pero si accedes, solo te faltará alguien especial y ciertas dosis de libido para hacerte con una obra de arte tan natural como el propio ciclo de la vida. Y hasta hay quien, una vez terminado, lo coloca en mitad de su salón, con la elegancia de la pornografía figurada.

El arte, siempre hambriento, busca continuamente nuevos caminos por los que deslizarse, nuevos derroteros que acaben con los interrogantes de esta nuestra existencia. Originalidad o marketing es ya otro debate. Las fotos que venden el producto muestran una interesante delicadeza, sensualidad y movimiento. La pintura refleja con fiereza, unas veces, y con ternura, otras, el paso del amor en aquellos cuerpos tumbados y repletos de color, que son a la vez brocha y lienzo para la pasión.

Y así, cuando todo acabe, cuando ese pulso vital se detenga por el discurrir de los acontecimientos, las discusiones, las separaciones o incluso la muerte, siempre quedará aquella pequeña obra de arte, testigo de unos minutos de amor pero que permanecerá para siempre en la posteridad.

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